martes, 9 de marzo de 2010

Ciudades de Otro País


Por distintas razones, que no vienen al caso, tuve que recorrer y pasar por las capitales de varios departamentos y ciudades varias del interior de nuestro país.

Pasé por la ciudad de San José, por sus calles cuidadas y limpias y un pensamiento vino a mi mente: "Parece de otro país"

Pasé luego por la ciudad de Colonia, con sus antiquísimas calles de adoquines que fueran declaradas Patrimonio de la Humanidad y que de tan cuidadas parece que hubieran sido colocadas hace un par de semanas, calles limpias y luminosas, monumentos iluminados por la noche, un verdadero placer para los sentidos. Y el mismo pensamiento vino a mi mente: "Parece de otro país"

Pasé por Carmelo; por la villa Santo Domingo de Soriano (primera población de nuestro país); pasé por la ciudad de Mercedes, aún hermosa pese a los daños causados por la inundación; pasé por Tacuarembó, por Paso de los Toros, por una larga lista de ciudades y pueblos y siempre el mismo pensamiento vino a mi mente: "Parece de otro país"

Hasta que llegué a Montevideo, con todo su abandono y su suciedad a cuestas.

Me puse a pensar y a comparar y llegué a varias conclusiones que quisiera compartir con ustedes:

Todos esos pueblos y ciudades que parecen de otro país están en lo que se ha dado en llamar "el interior de nuestro país", o sea que no son ciudades de otro país, son del nuestro, son las verdaderas ciudades de nuestro país. Y Montevideo, la única ciudad que no pertenece al "interior del país", es justamente la única ciudad que parece de otro país, y lo es.

Y puesto a analizar, la primera pregunta que surge naturalmente es: ¿De quién es la responsabilidad? y esa pregunta salí a hacerle a gente que se supone que sabe de esas cosas. Su primera respuesta me desconcertó, me dijeron: "La culpa es de los montevideanos" y aclararon: "porque son sucios". Pero ninguno de los montevideanos que yo conozco es sucio, no sólo se preocupan de su higiene personal, sus casas también están limpias, no son ellos los que sacan la basura de los contenedores y las esparcen alrededor de los mismos. Así que la respuesta debía estar por otro lado.

Entonces cambié la pregunta por otra más específica: ¿De quién es la responsabilidad de que Montevideo esté limpia, de que sus calles estén iluminadas y sean transitables y sin pozos? La respuesta fue unánime: De la Intendencia Municipal

Entonces la siguiente pregunta surge naturalmente: ¿Por qué no lo hace?

La respuesta estremece: "Porque más del noventa por ciento de sus ingresos se destinan a sueldos y gastos de funcionamiento", sin tener en cuenta que el mantenimiento de la ciudad y el departamento no son inversiones, deberían ser gastos de funcionamiento, ya que inversiones serían obras nuevas; pero en cambio, y sólo a modo de ejemplo, el mantenimiento de las calles se considera inversión.

¿Cómo es eso posible? ¿No alcanza el personal que tiene? ¿No le alcanzan los ingresos?

La Intendencia de Montevideo permite y fomenta la existencia de los carros de hurgadores (conducidos muchas veces por menores de edad, circulando a contramano y violando todas y cada una de las normas de tránsito) porque ellos levantan el cuarenta por ciento de la basura. Porque le sale gratis que los hurgadores levanten casi la mitad de la basura, ya que si la intendencia tuviese que ocuparse de levantar toda la basura, no le alcanzarían los ingresos al tener que pagarles sueldo a los hurgadores (que son casi tantos como los empleados municipales) y proveerlos de la infraestructura necesaria. O sea que no es por solidaridad que los permite y fomenta, es por conveniencia.

Hemos visto comparaciones entre Montevideo y ciudades catalogadas cómo del "Primer Mundo", y vimos que la Intendencia Municipal de Montevideo tiene casi cincuenta veces más empleados que la municipalidad de Londres, en función de la población. Que la patente de rodados es en Montevideo no sólo más cara que en el resto del país sino más cara que en Londres o Madrid. Varias veces más cara. Vimos que la contribución inmobiliaria en Montevideo es cinco veces más cara que en París. Y el transporte urbano de Montevideo no puede compararse ni con el de Londres ni con el de París ni con el de Madrid, más bien puede compararse con el de Nueva Dehli, con el de Luanda o el de Port-au-Prince. Y eso lo saben los sufridos montevideanos que deben recurrir a los omnibuses del transporte urbano, lentos, sucios, impuntuales, conducidos por seres sin preparación para el trato con seres humanos que más parecen choferes de camiones de ganado, y que así tratan a los pasajeros, arreándolos y amontonándolos como ganado, y siempre con el riesgo de que los dejen a pié sea porque al conductor no se le antoje parar en una parada o porque se les ocurra hacer un paro porque un marido iracundo mató al amante de su mujer que resultó ser chofer de ómnibus o simplemente porque quieren más dinero a cambio del pobre servicio que brindan. Y todo esto sin que la intendencia se preocupe en controlar y sancionar esas actitudes, sin preocuparse por los usuarios de los servicios que debiera brindar o controlar.

De las comparaciones llegamos a la conclusión de que el personal y los fondos deberían ser más que suficientes, entonces, ¿que está pasando en la Intendencia de Montevideo?

El secreto parece ser que los empleados municipales habrían descubierto y tomado ejemplo de los indios Kung San muchos años antes que el presidente Mujica. Porque el rendimiento y la productividad reales de los empleados municipales ronda el cero absoluto. En pleno siglo XXI, no es razonable pensar siquiera que un trámite en la intendencia pueda demorar años sin solución. En pleno tercer milenio no es aceptable que algunos empleados municipales cobren horas extras realizadas dentro de su horario normal de trabajo. No es razonable que los inspectores de tránsito cobren, además de su sueldo, el cuarenta por ciento de cada multa que ponen; sin importar si esa multa se cobra o no. Más allá de no ser razonable, tampoco es moralmente correcto y habría que ver que tan legal es; recordemos que muchos aduaneros fueron presos por cobrar por fuera de sus sueldos por hacer su trabajo. Los aduaneros cobraban extra a los despachantes por hacer su trabajo y fueron presos, los inspectores de tránsito que cobran comisión por las multas ¿No deberían ir presos también?

La comparación entre los empleados municipales y los indios Kung San viene a cuento porque según Mujica, los indios de la tribu Kung San "Laburan dos horas por día y el resto lo pasan de joda y chusmerío". ¿Y los municipales? Bueno, parece ser que las dos horas que trabajaban fueron justo las que Tabaré les exoneró cuando al asumir de intendente les rebajó la jornada laboral de ocho a seis horas manteniendo el mismo sueldo. Verdadero regalo a cambio de nada, porque eso no implicó ni una mejora en la gestión ni una mejora en los procesos, en la productividad o simplemente en amabilidad de trato a los montevideanos.

¿Son entonces los empleados municipales los responsables del abandono en que se encuentra Montevideo?

La respuesta es si, absolutamente si

Son responsables porque la ineficiencia y el descontrol son responsabilidad suya, porque la soberbia con que tratan a cualquiera que tenga que tratar con ellos es responsabilidad suya, porque el desamparo que siente el vecino es responsabilidad suya. En su discurso de asunción el presidente Mujica dijo que cuando la crisis del 2002, más de doscientos mil uruguayos perdieron su empleo y ni uno solo de esos fue empleado público (y los empleados municipales también son empleados públicos); dijo también que otro tanto vio rebajado su salario y que de ellos tampoco ni uno solo era empleado público (ni municipal). O sea que aproximadamente un treinta por ciento de la población activa del país o perdió su empleo o vio rebajado su salario y de toda esa gente, ni uno sólo fue un empleado municipal. Es más, en plena crisis, adeom firmó con el intendente Arana un convenio salarial que ambas partes sabían que era incumplible y que por no cumplirlo la intendencia, el año pasado tuvo que pagar más de veinte millones de dólares a los empleados municipales por los juicios perdidos.

¿Tiene responsabilidad adeom?

Si, claro que que si, absolutamente si. Son responsables por irresponsables. Porque en su avaricioso reclamo de reales o supuestos "derechos" han olvidado que todo derecho implica también deberes, obligaciones. Han olvidado que para reclamar derechos hay que cumplir con los deberes. Han olvidado que sus derechos terminan donde comienzan los de los demás. Si hasta hemos escuchado a un dirigente de adeom decir que si para que subiesen los salarios de los municipales había que subir los impuestos, pues que subiesen. Mofándose y burlándose de todos aquellos que con sacrificio han logrado el derecho y sueño de una vivienda propia, gente humilde y trabajadora que ve peligrar su vivienda porque por ella deberá pagar una contribución inmobiliaria, un impuesto de puerta y una tasa de saneamiento que son confiscatorias, que suben muchísimo más que sus ingreso con el único destino del bolsillo de los empleados municipales ya que la ciudad está cada vez más sucia, mas rota, más oscura, más abandonada.

Adeom ha tomado a la ciudad de rehén cada vez que ha querido imponer la fuerza para lograr sus objetivos, objetivos que nunca han sido una mejor gestión o una mejor productividad ni un beneficio para la ciudad, tan sólo beneficios para ellos que han terminado pagando los montevideanos.

¿Es que no hay nadie que le ponga coto a los excesos de adeom?

Bueno, se supone que eso es tarea del Intendente Municipal. Y cómo dije, se supone; porque en los últimos veinte años no ha sido así. Según la Constitución de la República, es el Intendente Municipal quien manda en la intendencia, quien gobierna y decide y quién es responsable de la gestión municipal. Pero desde que Tabaré Vázquez le hizo el regalo a los municipales de rebajarles el horario de trabajo sin rebajarles los sueldos, a cambio de nada, adeom agarró viento en la camiseta y es desde hace ya muchos años quien manda en la intendencia.

¿Por qué pasó esto?

Esto pasó porque los últimos cuatro Intendentes de Montevideo han sido de la misma fuerza política que siempre ha apoyado a los sindicatos, entonces les ha sido imposible pasar del rol de apoyo al sindicato al de administrador que debe poner coto a los excesos sindicales.

Pero los intendente fueron elegidos por el voto de los montevideanos, o sea que al final tenían razón quienes me respondieron "la culpa es de los montevideanos", pero no por sucios (que no lo son, al menos la mayoría no lo son) sino por votar el intendente por ideología, votando a los socios de adeom y condenándose así a que cada gestión sea peor que la anterior.

¿Puede revertirse eso? ¿Puede ponerse coto a los excesos de adeom? ¿Puede mejorarse la gestión municipal? ¿Pueden bajarse el impacto del costo municipal en el bolsillo de los montevideanos? ¿Puede mejorarse el sistema de transporte? ¿Puede haber una gestión transparente en la Intendencia? ¿Puede recuperarse Montevideo? ¿Puede Montevideo volver a ser una ciudad de nuestro país y no una ciudad que tendría que mejorar para ser considerada del tercer mundo? ¿Puede Montevideo ser de nuevo una ciudad limpia y hermosa? ¿Puede ser la Intendencia Municipal una fuente de soluciones a los problemas del departamento en vez de ser un problema?

La respuesta a todas estas preguntas es un gigantesco si, se puede y se debe hacer.

Pero para que esto se pueda hacer y se haga, hay un requisito previo, los montevideanos tendrían que dejar de votar para Intendente a los socios de adeom. Tendrían que bajarse de la ideología, pensar en SU ciudad y en SU departamento y decidir si quieren una intendencia al servicio de la gente o seguir estando al servicio de la intendencia para beneficio de adeom y de los empleados municipales.

En Mayo los montevideanos tendrán la gran oportunidad de decidir si quieren de intendente a una socia de adeom (como lo es Ana Olivera) para que adeom siga siendo quien manda en la Intendencia, o de decir claramente que ya están hartos de adeom y que ya es hora de cambiar.

Ya es hora de que Montevideo vuelva a ser una ciudad de nuestro país y que cuando recorramos el interior no nos quedemos con que cada ciudad del interior "parece de otro país" al compararla con lo mal que está Montevideo.


Julián Murguía

martes, 26 de enero de 2010

¿Que nos dejó la navidad?

Ya pasó un mes desde la Navidad y mirando en perspectiva uno se pregunta ¿que nos dejó la Navidad?

Luego de un frenético mes, saturado de innumerables avisos publicitarios incitando al consumo (comprar regalos), utilizando para ello la imagen de un simpático gordito vestido de rojo y blanco, de dudoso origen y que aparece utilizando diferentes alias en distintos países alrededor del mundo, uno siente que algo no está bien. Uno siente que eso no es la navidad y entonces surge espontánea la pregunta: ¿Qué es la Navidad?

Investigo un poco y encuentro que ese gordito llamado Papa Noel, Santa Claus, San Nicolás, Viejo Olentxero y otro sinfín de nombres alrededor del mundo, fue un invento de la CocaCola durante la gran depresión en Norteamérica en la tercera década del siglo pasado. Que los colores rojo y blanco fueron elegidos porque eran los colores de la marca CocaCola y que se lo dibujó como un anciano pasado de kilos y rozagante como una forma de generar esperanza en la gente que no tenía la posibilidad de estar gorda porque la comida y el trabajo para ganarla eran muy escasos.

Que la CocaCola se basó en antiguas leyendas como la de San Nicolás, obispo de Constantinopla, quien se dice que en la nochebuena salía disfrazado a repartir presentes a los niños pobres, o la del Viejo Olentxero del País Vasco, un duende que traía regalos a los niños que se habían portado bien.

Eso explica la existencia de ese viejo gordito, pero él no es la navidad.

La Navidad (o fiesta de la natividad) es una celebración de origen cristiano que celebra el nacimiento de Jesús. Es, junto a la pascua de resurrección, una de las fiestas más importantes de la religión católica.

Ya sabemos qué es la navidad, pero, ¿acaso sabemos lo que significa?

Yo trataré de compartir con ustedes que es lo que significa la navidad para mí.

Para comenzar, es una fiesta de vida, celebra el nacimiento de un niño y en él se representa el nacimiento de todos los niños del mundo, el nacimiento nuestro, el de nuestros hijos y nietos, el de nuestros padres y abuelos. Ese milagro de la vida que es el nacimiento de un niño, un mensaje de esperanza de que hay un futuro posible.

Pero, ¿por qué justo ese niño? ¿Por qué Jesús?

Dejemos de lado por un momento la discusión religiosa de si fue el hijo de Dios o no, fijémonos en el hombre y en su tiempo.

Nace en la Galilea conquistada por Roma, donde luchan entre sí muchas facciones, luchan por poder, por dominio, por imponer sus ideas religiosas. Un mundo violento en el que rige le código de Hammurabi, también conocido como la Ley del Talión: Un ojo por un ojo, un diente por un diente, una muerte por una muerte. Un mundo dominado por la violencia, donde la ley del talión es apenas un límite para la venganza, un mundo de odio y rencor; en ese mundo nace Jesús. No nació rico en dineros, nació pobre y en un establo, pero rico en afectos y en amor.

¿Qué es lo que lo transforma en algo tan revolucionario que cambia para siempre la historia del mundo, que pasa a dividirse entre un antes y un después de su nacimiento? Dejando de lado la cuestión no menor de si era o no el hijo de Dios; él nació, vivió y murió como hombre. ¿Qué es lo que hace tan extraordinario a este hombre? La respuesta es muy simple, su mensaje.

Su mensaje, tan revolucionario para su tiempo que cambió al mundo, puede resumirse en tres palabras: Amor, Tolerancia y Perdón

Porque en un mundo de odios el vino a enseñarnos a amar, en un mundo de violencia el vino a enseñarnos tolerancia y en un mundo que cobraba ojo por ojo, él vino a enseñarnos a perdonar.

Porque él nos dijo: “Amad a los demás cómo yo os he amado”. Y llevó su amor al extremo de dar su vida por nosotros. ¿Serías tú capaz de dar tu vida por aquellos que amas? O tal vez la pregunta debería ser al revés: ¿Eres capaz de amar tanto como para entregar tu vida por aquellos que amas?

También nos dijo: “si alguno te abofetea en una mejilla, preséntale también la otra”. Nos estaba enseñando a no ceder ante la ira del momento, a ser hombres de paz, a ser tolerantes con los demás, a no odiar.

El odio y el rencor son dos pesadas piedras que lastran tu alma y no la dejan volar libre y valorar la vida.

Y lo más importante de todo, nos enseñó a perdonar. No a perdonar aquellas cosas malas que no nos importan, no a perdonar agravios menores, nos enseñó a perdonar aquellas cosas que nos duelen, que nos lastiman, que nos hacen sufrir. Si él, clavado en la cruz y agonizante tuvo aún palabras de perdón hacia los que lo habían torturado y lo estaban asesinando, ¿podemos nosotros ser tan inflexibles como para no perdonar?

Ese es el mensaje de Jesús, ése es el mensaje que fue tan revolucionario que cambió al mundo. Mucho o poco se podrá discutir si es Dios o no, si es el hijo de Dios o no; pero cualquier persona puede aceptar su mensaje y vivir de acuerdo a el, más allá de profesar o no una religión y sin importar cual sea la religión que profese en caso de que lo haga.

Porque la posibilidad de ser perdonados por nuestros errores es lo que alienta nuestra esperanza, porque la posibilidad de perdonar es lo que nos permite cambiar de rumbo y corregir nuestro errores. Porque el perdón y la tolerancia son las fuentes de que se nutre el amor. Porque sin perdón no hay esperanza y sin esperanza no hay futuro posible.

Por eso es que la Navidad es una fiesta de familia, porque es a ellos a quienes primero perdonamos por amor y quienes a su vez son los primeros en perdonarnos por amor. Porque sin familia no hay sociedad y sin sociedad no hay mas que caos.

Por eso es que me gusta celebrar la Navidad, porque no sólo celebro el nacimiento de aquel que vino a enseñarnos a perdonar sino porque también celebro la esperanza de que mis errores sean perdonados también, con la certeza de que seré capaz de perdonar también yo.

¿Y sabes que es lo más lindo de todo? Por más que la celebremos sólo una noche al año, todo el año es navidad. Todos y cada uno de los días del año puede ser navidad, en todos y cada una de los días del año puedes perdonar y ser perdonado.

Por eso me gusta tener un pesebre en mi casa, para recordar el nacimiento de ese ser tan maravilloso que vino a enseñarnos a perdonar. Por eso es que no me gusta ese gordito vestido de rojo y blanco, porque tan sólo pretende ocupar un lugar que no le pertenece; porque por más que cante “noche de paz”, no habla de perdón, y sin perdón no hay paz.

Por eso es que a Jesús simplemente le digo: ¡Gracias!

Y a ti te pido que me perdones mis errores, porque los tuyos yo ya te los he perdonado.

Y que tengas una Feliz Navidad cada día del año.