Por distintas razones, que no vienen al caso, tuve que recorrer y pasar por las capitales de varios departamentos y ciudades varias del interior de nuestro país.
Pasé por la ciudad de San José, por sus calles cuidadas y limpias y un pensamiento vino a mi mente: "Parece de otro país"
Pasé luego por la ciudad de Colonia, con sus antiquísimas calles de adoquines que fueran declaradas Patrimonio de la Humanidad y que de tan cuidadas parece que hubieran sido colocadas hace un par de semanas, calles limpias y luminosas, monumentos iluminados por la noche, un verdadero placer para los sentidos. Y el mismo pensamiento vino a mi mente: "Parece de otro país"
Pasé por Carmelo; por la villa Santo Domingo de Soriano (primera población de nuestro país); pasé por la ciudad de Mercedes, aún hermosa pese a los daños causados por la inundación; pasé por Tacuarembó, por Paso de los Toros, por una larga lista de ciudades y pueblos y siempre el mismo pensamiento vino a mi mente: "Parece de otro país"
Hasta que llegué a Montevideo, con todo su abandono y su suciedad a cuestas.
Me puse a pensar y a comparar y llegué a varias conclusiones que quisiera compartir con ustedes:
Todos esos pueblos y ciudades que parecen de otro país están en lo que se ha dado en llamar "el interior de nuestro país", o sea que no son ciudades de otro país, son del nuestro, son las verdaderas ciudades de nuestro país. Y Montevideo, la única ciudad que no pertenece al "interior del país", es justamente la única ciudad que parece de otro país, y lo es.
Y puesto a analizar, la primera pregunta que surge naturalmente es: ¿De quién es la responsabilidad? y esa pregunta salí a hacerle a gente que se supone que sabe de esas cosas. Su primera respuesta me desconcertó, me dijeron: "La culpa es de los montevideanos" y aclararon: "porque son sucios". Pero ninguno de los montevideanos que yo conozco es sucio, no sólo se preocupan de su higiene personal, sus casas también están limpias, no son ellos los que sacan la basura de los contenedores y las esparcen alrededor de los mismos. Así que la respuesta debía estar por otro lado.
Entonces cambié la pregunta por otra más específica: ¿De quién es la responsabilidad de que Montevideo esté limpia, de que sus calles estén iluminadas y sean transitables y sin pozos? La respuesta fue unánime: De la Intendencia Municipal
Entonces la siguiente pregunta surge naturalmente: ¿Por qué no lo hace?
La respuesta estremece: "Porque más del noventa por ciento de sus ingresos se destinan a sueldos y gastos de funcionamiento", sin tener en cuenta que el mantenimiento de la ciudad y el departamento no son inversiones, deberían ser gastos de funcionamiento, ya que inversiones serían obras nuevas; pero en cambio, y sólo a modo de ejemplo, el mantenimiento de las calles se considera inversión.
¿Cómo es eso posible? ¿No alcanza el personal que tiene? ¿No le alcanzan los ingresos?
La Intendencia de Montevideo permite y fomenta la existencia de los carros de hurgadores (conducidos muchas veces por menores de edad, circulando a contramano y violando todas y cada una de las normas de tránsito) porque ellos levantan el cuarenta por ciento de la basura. Porque le sale gratis que los hurgadores levanten casi la mitad de la basura, ya que si la intendencia tuviese que ocuparse de levantar toda la basura, no le alcanzarían los ingresos al tener que pagarles sueldo a los hurgadores (que son casi tantos como los empleados municipales) y proveerlos de la infraestructura necesaria. O sea que no es por solidaridad que los permite y fomenta, es por conveniencia.
Hemos visto comparaciones entre Montevideo y ciudades catalogadas cómo del "Primer Mundo", y vimos que la Intendencia Municipal de Montevideo tiene casi cincuenta veces más empleados que la municipalidad de Londres, en función de la población. Que la patente de rodados es en Montevideo no sólo más cara que en el resto del país sino más cara que en Londres o Madrid. Varias veces más cara. Vimos que la contribución inmobiliaria en Montevideo es cinco veces más cara que en París. Y el transporte urbano de Montevideo no puede compararse ni con el de Londres ni con el de París ni con el de Madrid, más bien puede compararse con el de Nueva Dehli, con el de Luanda o el de Port-au-Prince. Y eso lo saben los sufridos montevideanos que deben recurrir a los omnibuses del transporte urbano, lentos, sucios, impuntuales, conducidos por seres sin preparación para el trato con seres humanos que más parecen choferes de camiones de ganado, y que así tratan a los pasajeros, arreándolos y amontonándolos como ganado, y siempre con el riesgo de que los dejen a pié sea porque al conductor no se le antoje parar en una parada o porque se les ocurra hacer un paro porque un marido iracundo mató al amante de su mujer que resultó ser chofer de ómnibus o simplemente porque quieren más dinero a cambio del pobre servicio que brindan. Y todo esto sin que la intendencia se preocupe en controlar y sancionar esas actitudes, sin preocuparse por los usuarios de los servicios que debiera brindar o controlar.
De las comparaciones llegamos a la conclusión de que el personal y los fondos deberían ser más que suficientes, entonces, ¿que está pasando en la Intendencia de Montevideo?
El secreto parece ser que los empleados municipales habrían descubierto y tomado ejemplo de los indios Kung San muchos años antes que el presidente Mujica. Porque el rendimiento y la productividad reales de los empleados municipales ronda el cero absoluto. En pleno siglo XXI, no es razonable pensar siquiera que un trámite en la intendencia pueda demorar años sin solución. En pleno tercer milenio no es aceptable que algunos empleados municipales cobren horas extras realizadas dentro de su horario normal de trabajo. No es razonable que los inspectores de tránsito cobren, además de su sueldo, el cuarenta por ciento de cada multa que ponen; sin importar si esa multa se cobra o no. Más allá de no ser razonable, tampoco es moralmente correcto y habría que ver que tan legal es; recordemos que muchos aduaneros fueron presos por cobrar por fuera de sus sueldos por hacer su trabajo. Los aduaneros cobraban extra a los despachantes por hacer su trabajo y fueron presos, los inspectores de tránsito que cobran comisión por las multas ¿No deberían ir presos también?
La comparación entre los empleados municipales y los indios Kung San viene a cuento porque según Mujica, los indios de la tribu Kung San "Laburan dos horas por día y el resto lo pasan de joda y chusmerío". ¿Y los municipales? Bueno, parece ser que las dos horas que trabajaban fueron justo las que Tabaré les exoneró cuando al asumir de intendente les rebajó la jornada laboral de ocho a seis horas manteniendo el mismo sueldo. Verdadero regalo a cambio de nada, porque eso no implicó ni una mejora en la gestión ni una mejora en los procesos, en la productividad o simplemente en amabilidad de trato a los montevideanos.
¿Son entonces los empleados municipales los responsables del abandono en que se encuentra Montevideo?
La respuesta es si, absolutamente si
Son responsables porque la ineficiencia y el descontrol son responsabilidad suya, porque la soberbia con que tratan a cualquiera que tenga que tratar con ellos es responsabilidad suya, porque el desamparo que siente el vecino es responsabilidad suya. En su discurso de asunción el presidente Mujica dijo que cuando la crisis del 2002, más de doscientos mil uruguayos perdieron su empleo y ni uno solo de esos fue empleado público (y los empleados municipales también son empleados públicos); dijo también que otro tanto vio rebajado su salario y que de ellos tampoco ni uno solo era empleado público (ni municipal). O sea que aproximadamente un treinta por ciento de la población activa del país o perdió su empleo o vio rebajado su salario y de toda esa gente, ni uno sólo fue un empleado municipal. Es más, en plena crisis, adeom firmó con el intendente Arana un convenio salarial que ambas partes sabían que era incumplible y que por no cumplirlo la intendencia, el año pasado tuvo que pagar más de veinte millones de dólares a los empleados municipales por los juicios perdidos.
¿Tiene responsabilidad adeom?
Si, claro que que si, absolutamente si. Son responsables por irresponsables. Porque en su avaricioso reclamo de reales o supuestos "derechos" han olvidado que todo derecho implica también deberes, obligaciones. Han olvidado que para reclamar derechos hay que cumplir con los deberes. Han olvidado que sus derechos terminan donde comienzan los de los demás. Si hasta hemos escuchado a un dirigente de adeom decir que si para que subiesen los salarios de los municipales había que subir los impuestos, pues que subiesen. Mofándose y burlándose de todos aquellos que con sacrificio han logrado el derecho y sueño de una vivienda propia, gente humilde y trabajadora que ve peligrar su vivienda porque por ella deberá pagar una contribución inmobiliaria, un impuesto de puerta y una tasa de saneamiento que son confiscatorias, que suben muchísimo más que sus ingreso con el único destino del bolsillo de los empleados municipales ya que la ciudad está cada vez más sucia, mas rota, más oscura, más abandonada.
Adeom ha tomado a la ciudad de rehén cada vez que ha querido imponer la fuerza para lograr sus objetivos, objetivos que nunca han sido una mejor gestión o una mejor productividad ni un beneficio para la ciudad, tan sólo beneficios para ellos que han terminado pagando los montevideanos.
¿Es que no hay nadie que le ponga coto a los excesos de adeom?
Bueno, se supone que eso es tarea del Intendente Municipal. Y cómo dije, se supone; porque en los últimos veinte años no ha sido así. Según la Constitución de la República, es el Intendente Municipal quien manda en la intendencia, quien gobierna y decide y quién es responsable de la gestión municipal. Pero desde que Tabaré Vázquez le hizo el regalo a los municipales de rebajarles el horario de trabajo sin rebajarles los sueldos, a cambio de nada, adeom agarró viento en la camiseta y es desde hace ya muchos años quien manda en la intendencia.
¿Por qué pasó esto?
Esto pasó porque los últimos cuatro Intendentes de Montevideo han sido de la misma fuerza política que siempre ha apoyado a los sindicatos, entonces les ha sido imposible pasar del rol de apoyo al sindicato al de administrador que debe poner coto a los excesos sindicales.
Pero los intendente fueron elegidos por el voto de los montevideanos, o sea que al final tenían razón quienes me respondieron "la culpa es de los montevideanos", pero no por sucios (que no lo son, al menos la mayoría no lo son) sino por votar el intendente por ideología, votando a los socios de adeom y condenándose así a que cada gestión sea peor que la anterior.
¿Puede revertirse eso? ¿Puede ponerse coto a los excesos de adeom? ¿Puede mejorarse la gestión municipal? ¿Pueden bajarse el impacto del costo municipal en el bolsillo de los montevideanos? ¿Puede mejorarse el sistema de transporte? ¿Puede haber una gestión transparente en la Intendencia? ¿Puede recuperarse Montevideo? ¿Puede Montevideo volver a ser una ciudad de nuestro país y no una ciudad que tendría que mejorar para ser considerada del tercer mundo? ¿Puede Montevideo ser de nuevo una ciudad limpia y hermosa? ¿Puede ser la Intendencia Municipal una fuente de soluciones a los problemas del departamento en vez de ser un problema?
La respuesta a todas estas preguntas es un gigantesco si, se puede y se debe hacer.
Pero para que esto se pueda hacer y se haga, hay un requisito previo, los montevideanos tendrían que dejar de votar para Intendente a los socios de adeom. Tendrían que bajarse de la ideología, pensar en SU ciudad y en SU departamento y decidir si quieren una intendencia al servicio de la gente o seguir estando al servicio de la intendencia para beneficio de adeom y de los empleados municipales.
En Mayo los montevideanos tendrán la gran oportunidad de decidir si quieren de intendente a una socia de adeom (como lo es Ana Olivera) para que adeom siga siendo quien manda en la Intendencia, o de decir claramente que ya están hartos de adeom y que ya es hora de cambiar.
Ya es hora de que Montevideo vuelva a ser una ciudad de nuestro país y que cuando recorramos el interior no nos quedemos con que cada ciudad del interior "parece de otro país" al compararla con lo mal que está Montevideo.
Pasé por la ciudad de San José, por sus calles cuidadas y limpias y un pensamiento vino a mi mente: "Parece de otro país"
Pasé luego por la ciudad de Colonia, con sus antiquísimas calles de adoquines que fueran declaradas Patrimonio de la Humanidad y que de tan cuidadas parece que hubieran sido colocadas hace un par de semanas, calles limpias y luminosas, monumentos iluminados por la noche, un verdadero placer para los sentidos. Y el mismo pensamiento vino a mi mente: "Parece de otro país"
Pasé por Carmelo; por la villa Santo Domingo de Soriano (primera población de nuestro país); pasé por la ciudad de Mercedes, aún hermosa pese a los daños causados por la inundación; pasé por Tacuarembó, por Paso de los Toros, por una larga lista de ciudades y pueblos y siempre el mismo pensamiento vino a mi mente: "Parece de otro país"
Hasta que llegué a Montevideo, con todo su abandono y su suciedad a cuestas.
Me puse a pensar y a comparar y llegué a varias conclusiones que quisiera compartir con ustedes:
Todos esos pueblos y ciudades que parecen de otro país están en lo que se ha dado en llamar "el interior de nuestro país", o sea que no son ciudades de otro país, son del nuestro, son las verdaderas ciudades de nuestro país. Y Montevideo, la única ciudad que no pertenece al "interior del país", es justamente la única ciudad que parece de otro país, y lo es.
Y puesto a analizar, la primera pregunta que surge naturalmente es: ¿De quién es la responsabilidad? y esa pregunta salí a hacerle a gente que se supone que sabe de esas cosas. Su primera respuesta me desconcertó, me dijeron: "La culpa es de los montevideanos" y aclararon: "porque son sucios". Pero ninguno de los montevideanos que yo conozco es sucio, no sólo se preocupan de su higiene personal, sus casas también están limpias, no son ellos los que sacan la basura de los contenedores y las esparcen alrededor de los mismos. Así que la respuesta debía estar por otro lado.
Entonces cambié la pregunta por otra más específica: ¿De quién es la responsabilidad de que Montevideo esté limpia, de que sus calles estén iluminadas y sean transitables y sin pozos? La respuesta fue unánime: De la Intendencia Municipal
Entonces la siguiente pregunta surge naturalmente: ¿Por qué no lo hace?
La respuesta estremece: "Porque más del noventa por ciento de sus ingresos se destinan a sueldos y gastos de funcionamiento", sin tener en cuenta que el mantenimiento de la ciudad y el departamento no son inversiones, deberían ser gastos de funcionamiento, ya que inversiones serían obras nuevas; pero en cambio, y sólo a modo de ejemplo, el mantenimiento de las calles se considera inversión.
¿Cómo es eso posible? ¿No alcanza el personal que tiene? ¿No le alcanzan los ingresos?
La Intendencia de Montevideo permite y fomenta la existencia de los carros de hurgadores (conducidos muchas veces por menores de edad, circulando a contramano y violando todas y cada una de las normas de tránsito) porque ellos levantan el cuarenta por ciento de la basura. Porque le sale gratis que los hurgadores levanten casi la mitad de la basura, ya que si la intendencia tuviese que ocuparse de levantar toda la basura, no le alcanzarían los ingresos al tener que pagarles sueldo a los hurgadores (que son casi tantos como los empleados municipales) y proveerlos de la infraestructura necesaria. O sea que no es por solidaridad que los permite y fomenta, es por conveniencia.
Hemos visto comparaciones entre Montevideo y ciudades catalogadas cómo del "Primer Mundo", y vimos que la Intendencia Municipal de Montevideo tiene casi cincuenta veces más empleados que la municipalidad de Londres, en función de la población. Que la patente de rodados es en Montevideo no sólo más cara que en el resto del país sino más cara que en Londres o Madrid. Varias veces más cara. Vimos que la contribución inmobiliaria en Montevideo es cinco veces más cara que en París. Y el transporte urbano de Montevideo no puede compararse ni con el de Londres ni con el de París ni con el de Madrid, más bien puede compararse con el de Nueva Dehli, con el de Luanda o el de Port-au-Prince. Y eso lo saben los sufridos montevideanos que deben recurrir a los omnibuses del transporte urbano, lentos, sucios, impuntuales, conducidos por seres sin preparación para el trato con seres humanos que más parecen choferes de camiones de ganado, y que así tratan a los pasajeros, arreándolos y amontonándolos como ganado, y siempre con el riesgo de que los dejen a pié sea porque al conductor no se le antoje parar en una parada o porque se les ocurra hacer un paro porque un marido iracundo mató al amante de su mujer que resultó ser chofer de ómnibus o simplemente porque quieren más dinero a cambio del pobre servicio que brindan. Y todo esto sin que la intendencia se preocupe en controlar y sancionar esas actitudes, sin preocuparse por los usuarios de los servicios que debiera brindar o controlar.
De las comparaciones llegamos a la conclusión de que el personal y los fondos deberían ser más que suficientes, entonces, ¿que está pasando en la Intendencia de Montevideo?
El secreto parece ser que los empleados municipales habrían descubierto y tomado ejemplo de los indios Kung San muchos años antes que el presidente Mujica. Porque el rendimiento y la productividad reales de los empleados municipales ronda el cero absoluto. En pleno siglo XXI, no es razonable pensar siquiera que un trámite en la intendencia pueda demorar años sin solución. En pleno tercer milenio no es aceptable que algunos empleados municipales cobren horas extras realizadas dentro de su horario normal de trabajo. No es razonable que los inspectores de tránsito cobren, además de su sueldo, el cuarenta por ciento de cada multa que ponen; sin importar si esa multa se cobra o no. Más allá de no ser razonable, tampoco es moralmente correcto y habría que ver que tan legal es; recordemos que muchos aduaneros fueron presos por cobrar por fuera de sus sueldos por hacer su trabajo. Los aduaneros cobraban extra a los despachantes por hacer su trabajo y fueron presos, los inspectores de tránsito que cobran comisión por las multas ¿No deberían ir presos también?
La comparación entre los empleados municipales y los indios Kung San viene a cuento porque según Mujica, los indios de la tribu Kung San "Laburan dos horas por día y el resto lo pasan de joda y chusmerío". ¿Y los municipales? Bueno, parece ser que las dos horas que trabajaban fueron justo las que Tabaré les exoneró cuando al asumir de intendente les rebajó la jornada laboral de ocho a seis horas manteniendo el mismo sueldo. Verdadero regalo a cambio de nada, porque eso no implicó ni una mejora en la gestión ni una mejora en los procesos, en la productividad o simplemente en amabilidad de trato a los montevideanos.
¿Son entonces los empleados municipales los responsables del abandono en que se encuentra Montevideo?
La respuesta es si, absolutamente si
Son responsables porque la ineficiencia y el descontrol son responsabilidad suya, porque la soberbia con que tratan a cualquiera que tenga que tratar con ellos es responsabilidad suya, porque el desamparo que siente el vecino es responsabilidad suya. En su discurso de asunción el presidente Mujica dijo que cuando la crisis del 2002, más de doscientos mil uruguayos perdieron su empleo y ni uno solo de esos fue empleado público (y los empleados municipales también son empleados públicos); dijo también que otro tanto vio rebajado su salario y que de ellos tampoco ni uno solo era empleado público (ni municipal). O sea que aproximadamente un treinta por ciento de la población activa del país o perdió su empleo o vio rebajado su salario y de toda esa gente, ni uno sólo fue un empleado municipal. Es más, en plena crisis, adeom firmó con el intendente Arana un convenio salarial que ambas partes sabían que era incumplible y que por no cumplirlo la intendencia, el año pasado tuvo que pagar más de veinte millones de dólares a los empleados municipales por los juicios perdidos.
¿Tiene responsabilidad adeom?
Si, claro que que si, absolutamente si. Son responsables por irresponsables. Porque en su avaricioso reclamo de reales o supuestos "derechos" han olvidado que todo derecho implica también deberes, obligaciones. Han olvidado que para reclamar derechos hay que cumplir con los deberes. Han olvidado que sus derechos terminan donde comienzan los de los demás. Si hasta hemos escuchado a un dirigente de adeom decir que si para que subiesen los salarios de los municipales había que subir los impuestos, pues que subiesen. Mofándose y burlándose de todos aquellos que con sacrificio han logrado el derecho y sueño de una vivienda propia, gente humilde y trabajadora que ve peligrar su vivienda porque por ella deberá pagar una contribución inmobiliaria, un impuesto de puerta y una tasa de saneamiento que son confiscatorias, que suben muchísimo más que sus ingreso con el único destino del bolsillo de los empleados municipales ya que la ciudad está cada vez más sucia, mas rota, más oscura, más abandonada.
Adeom ha tomado a la ciudad de rehén cada vez que ha querido imponer la fuerza para lograr sus objetivos, objetivos que nunca han sido una mejor gestión o una mejor productividad ni un beneficio para la ciudad, tan sólo beneficios para ellos que han terminado pagando los montevideanos.
¿Es que no hay nadie que le ponga coto a los excesos de adeom?
Bueno, se supone que eso es tarea del Intendente Municipal. Y cómo dije, se supone; porque en los últimos veinte años no ha sido así. Según la Constitución de la República, es el Intendente Municipal quien manda en la intendencia, quien gobierna y decide y quién es responsable de la gestión municipal. Pero desde que Tabaré Vázquez le hizo el regalo a los municipales de rebajarles el horario de trabajo sin rebajarles los sueldos, a cambio de nada, adeom agarró viento en la camiseta y es desde hace ya muchos años quien manda en la intendencia.
¿Por qué pasó esto?
Esto pasó porque los últimos cuatro Intendentes de Montevideo han sido de la misma fuerza política que siempre ha apoyado a los sindicatos, entonces les ha sido imposible pasar del rol de apoyo al sindicato al de administrador que debe poner coto a los excesos sindicales.
Pero los intendente fueron elegidos por el voto de los montevideanos, o sea que al final tenían razón quienes me respondieron "la culpa es de los montevideanos", pero no por sucios (que no lo son, al menos la mayoría no lo son) sino por votar el intendente por ideología, votando a los socios de adeom y condenándose así a que cada gestión sea peor que la anterior.
¿Puede revertirse eso? ¿Puede ponerse coto a los excesos de adeom? ¿Puede mejorarse la gestión municipal? ¿Pueden bajarse el impacto del costo municipal en el bolsillo de los montevideanos? ¿Puede mejorarse el sistema de transporte? ¿Puede haber una gestión transparente en la Intendencia? ¿Puede recuperarse Montevideo? ¿Puede Montevideo volver a ser una ciudad de nuestro país y no una ciudad que tendría que mejorar para ser considerada del tercer mundo? ¿Puede Montevideo ser de nuevo una ciudad limpia y hermosa? ¿Puede ser la Intendencia Municipal una fuente de soluciones a los problemas del departamento en vez de ser un problema?
La respuesta a todas estas preguntas es un gigantesco si, se puede y se debe hacer.
Pero para que esto se pueda hacer y se haga, hay un requisito previo, los montevideanos tendrían que dejar de votar para Intendente a los socios de adeom. Tendrían que bajarse de la ideología, pensar en SU ciudad y en SU departamento y decidir si quieren una intendencia al servicio de la gente o seguir estando al servicio de la intendencia para beneficio de adeom y de los empleados municipales.
En Mayo los montevideanos tendrán la gran oportunidad de decidir si quieren de intendente a una socia de adeom (como lo es Ana Olivera) para que adeom siga siendo quien manda en la Intendencia, o de decir claramente que ya están hartos de adeom y que ya es hora de cambiar.
Ya es hora de que Montevideo vuelva a ser una ciudad de nuestro país y que cuando recorramos el interior no nos quedemos con que cada ciudad del interior "parece de otro país" al compararla con lo mal que está Montevideo.
Julián Murguía