Ya pasó un mes desde la Navidad y mirando en perspectiva uno se pregunta ¿que nos dejó la Navidad?
Luego de un frenético mes, saturado de innumerables avisos publicitarios incitando al consumo (comprar regalos), utilizando para ello la imagen de un simpático gordito vestido de rojo y blanco, de dudoso origen y que aparece utilizando diferentes alias en distintos países alrededor del mundo, uno siente que algo no está bien. Uno siente que eso no es la navidad y entonces surge espontánea la pregunta: ¿Qué es la Navidad?
Investigo un poco y encuentro que ese gordito llamado Papa Noel, Santa Claus, San Nicolás, Viejo Olentxero y otro sinfín de nombres alrededor del mundo, fue un invento de la CocaCola durante la gran depresión en Norteamérica en la tercera década del siglo pasado. Que los colores rojo y blanco fueron elegidos porque eran los colores de la marca CocaCola y que se lo dibujó como un anciano pasado de kilos y rozagante como una forma de generar esperanza en la gente que no tenía la posibilidad de estar gorda porque la comida y el trabajo para ganarla eran muy escasos.
Que la CocaCola se basó en antiguas leyendas como la de San Nicolás, obispo de Constantinopla, quien se dice que en la nochebuena salía disfrazado a repartir presentes a los niños pobres, o la del Viejo Olentxero del País Vasco, un duende que traía regalos a los niños que se habían portado bien.
Eso explica la existencia de ese viejo gordito, pero él no es la navidad.
La Navidad (o fiesta de la natividad) es una celebración de origen cristiano que celebra el nacimiento de Jesús. Es, junto a la pascua de resurrección, una de las fiestas más importantes de la religión católica.
Ya sabemos qué es la navidad, pero, ¿acaso sabemos lo que significa?
Yo trataré de compartir con ustedes que es lo que significa la navidad para mí.
Para comenzar, es una fiesta de vida, celebra el nacimiento de un niño y en él se representa el nacimiento de todos los niños del mundo, el nacimiento nuestro, el de nuestros hijos y nietos, el de nuestros padres y abuelos. Ese milagro de la vida que es el nacimiento de un niño, un mensaje de esperanza de que hay un futuro posible.
Pero, ¿por qué justo ese niño? ¿Por qué Jesús?
Dejemos de lado por un momento la discusión religiosa de si fue el hijo de Dios o no, fijémonos en el hombre y en su tiempo.
Nace en la Galilea conquistada por Roma, donde luchan entre sí muchas facciones, luchan por poder, por dominio, por imponer sus ideas religiosas. Un mundo violento en el que rige le código de Hammurabi, también conocido como la Ley del Talión: Un ojo por un ojo, un diente por un diente, una muerte por una muerte. Un mundo dominado por la violencia, donde la ley del talión es apenas un límite para la venganza, un mundo de odio y rencor; en ese mundo nace Jesús. No nació rico en dineros, nació pobre y en un establo, pero rico en afectos y en amor.
¿Qué es lo que lo transforma en algo tan revolucionario que cambia para siempre la historia del mundo, que pasa a dividirse entre un antes y un después de su nacimiento? Dejando de lado la cuestión no menor de si era o no el hijo de Dios; él nació, vivió y murió como hombre. ¿Qué es lo que hace tan extraordinario a este hombre? La respuesta es muy simple, su mensaje.
Su mensaje, tan revolucionario para su tiempo que cambió al mundo, puede resumirse en tres palabras: Amor, Tolerancia y Perdón
Porque en un mundo de odios el vino a enseñarnos a amar, en un mundo de violencia el vino a enseñarnos tolerancia y en un mundo que cobraba ojo por ojo, él vino a enseñarnos a perdonar.
Porque él nos dijo: “Amad a los demás cómo yo os he amado”. Y llevó su amor al extremo de dar su vida por nosotros. ¿Serías tú capaz de dar tu vida por aquellos que amas? O tal vez la pregunta debería ser al revés: ¿Eres capaz de amar tanto como para entregar tu vida por aquellos que amas?
También nos dijo: “si alguno te abofetea en una mejilla, preséntale también la otra”. Nos estaba enseñando a no ceder ante la ira del momento, a ser hombres de paz, a ser tolerantes con los demás, a no odiar.
El odio y el rencor son dos pesadas piedras que lastran tu alma y no la dejan volar libre y valorar la vida.
Y lo más importante de todo, nos enseñó a perdonar. No a perdonar aquellas cosas malas que no nos importan, no a perdonar agravios menores, nos enseñó a perdonar aquellas cosas que nos duelen, que nos lastiman, que nos hacen sufrir. Si él, clavado en la cruz y agonizante tuvo aún palabras de perdón hacia los que lo habían torturado y lo estaban asesinando, ¿podemos nosotros ser tan inflexibles como para no perdonar?
Ese es el mensaje de Jesús, ése es el mensaje que fue tan revolucionario que cambió al mundo. Mucho o poco se podrá discutir si es Dios o no, si es el hijo de Dios o no; pero cualquier persona puede aceptar su mensaje y vivir de acuerdo a el, más allá de profesar o no una religión y sin importar cual sea la religión que profese en caso de que lo haga.
Porque la posibilidad de ser perdonados por nuestros errores es lo que alienta nuestra esperanza, porque la posibilidad de perdonar es lo que nos permite cambiar de rumbo y corregir nuestro errores. Porque el perdón y la tolerancia son las fuentes de que se nutre el amor. Porque sin perdón no hay esperanza y sin esperanza no hay futuro posible.
Por eso es que la Navidad es una fiesta de familia, porque es a ellos a quienes primero perdonamos por amor y quienes a su vez son los primeros en perdonarnos por amor. Porque sin familia no hay sociedad y sin sociedad no hay mas que caos.
Por eso es que me gusta celebrar la Navidad, porque no sólo celebro el nacimiento de aquel que vino a enseñarnos a perdonar sino porque también celebro la esperanza de que mis errores sean perdonados también, con la certeza de que seré capaz de perdonar también yo.
¿Y sabes que es lo más lindo de todo? Por más que la celebremos sólo una noche al año, todo el año es navidad. Todos y cada uno de los días del año puede ser navidad, en todos y cada una de los días del año puedes perdonar y ser perdonado.
Por eso me gusta tener un pesebre en mi casa, para recordar el nacimiento de ese ser tan maravilloso que vino a enseñarnos a perdonar. Por eso es que no me gusta ese gordito vestido de rojo y blanco, porque tan sólo pretende ocupar un lugar que no le pertenece; porque por más que cante “noche de paz”, no habla de perdón, y sin perdón no hay paz.
Por eso es que a Jesús simplemente le digo: ¡Gracias!
Y a ti te pido que me perdones mis errores, porque los tuyos yo ya te los he perdonado.
Y que tengas una Feliz Navidad cada día del año.
Luego de un frenético mes, saturado de innumerables avisos publicitarios incitando al consumo (comprar regalos), utilizando para ello la imagen de un simpático gordito vestido de rojo y blanco, de dudoso origen y que aparece utilizando diferentes alias en distintos países alrededor del mundo, uno siente que algo no está bien. Uno siente que eso no es la navidad y entonces surge espontánea la pregunta: ¿Qué es la Navidad?
Investigo un poco y encuentro que ese gordito llamado Papa Noel, Santa Claus, San Nicolás, Viejo Olentxero y otro sinfín de nombres alrededor del mundo, fue un invento de la CocaCola durante la gran depresión en Norteamérica en la tercera década del siglo pasado. Que los colores rojo y blanco fueron elegidos porque eran los colores de la marca CocaCola y que se lo dibujó como un anciano pasado de kilos y rozagante como una forma de generar esperanza en la gente que no tenía la posibilidad de estar gorda porque la comida y el trabajo para ganarla eran muy escasos.
Que la CocaCola se basó en antiguas leyendas como la de San Nicolás, obispo de Constantinopla, quien se dice que en la nochebuena salía disfrazado a repartir presentes a los niños pobres, o la del Viejo Olentxero del País Vasco, un duende que traía regalos a los niños que se habían portado bien.
Eso explica la existencia de ese viejo gordito, pero él no es la navidad.
La Navidad (o fiesta de la natividad) es una celebración de origen cristiano que celebra el nacimiento de Jesús. Es, junto a la pascua de resurrección, una de las fiestas más importantes de la religión católica.
Ya sabemos qué es la navidad, pero, ¿acaso sabemos lo que significa?
Yo trataré de compartir con ustedes que es lo que significa la navidad para mí.
Para comenzar, es una fiesta de vida, celebra el nacimiento de un niño y en él se representa el nacimiento de todos los niños del mundo, el nacimiento nuestro, el de nuestros hijos y nietos, el de nuestros padres y abuelos. Ese milagro de la vida que es el nacimiento de un niño, un mensaje de esperanza de que hay un futuro posible.
Pero, ¿por qué justo ese niño? ¿Por qué Jesús?
Dejemos de lado por un momento la discusión religiosa de si fue el hijo de Dios o no, fijémonos en el hombre y en su tiempo.
Nace en la Galilea conquistada por Roma, donde luchan entre sí muchas facciones, luchan por poder, por dominio, por imponer sus ideas religiosas. Un mundo violento en el que rige le código de Hammurabi, también conocido como la Ley del Talión: Un ojo por un ojo, un diente por un diente, una muerte por una muerte. Un mundo dominado por la violencia, donde la ley del talión es apenas un límite para la venganza, un mundo de odio y rencor; en ese mundo nace Jesús. No nació rico en dineros, nació pobre y en un establo, pero rico en afectos y en amor.
¿Qué es lo que lo transforma en algo tan revolucionario que cambia para siempre la historia del mundo, que pasa a dividirse entre un antes y un después de su nacimiento? Dejando de lado la cuestión no menor de si era o no el hijo de Dios; él nació, vivió y murió como hombre. ¿Qué es lo que hace tan extraordinario a este hombre? La respuesta es muy simple, su mensaje.
Su mensaje, tan revolucionario para su tiempo que cambió al mundo, puede resumirse en tres palabras: Amor, Tolerancia y Perdón
Porque en un mundo de odios el vino a enseñarnos a amar, en un mundo de violencia el vino a enseñarnos tolerancia y en un mundo que cobraba ojo por ojo, él vino a enseñarnos a perdonar.
Porque él nos dijo: “Amad a los demás cómo yo os he amado”. Y llevó su amor al extremo de dar su vida por nosotros. ¿Serías tú capaz de dar tu vida por aquellos que amas? O tal vez la pregunta debería ser al revés: ¿Eres capaz de amar tanto como para entregar tu vida por aquellos que amas?
También nos dijo: “si alguno te abofetea en una mejilla, preséntale también la otra”. Nos estaba enseñando a no ceder ante la ira del momento, a ser hombres de paz, a ser tolerantes con los demás, a no odiar.
El odio y el rencor son dos pesadas piedras que lastran tu alma y no la dejan volar libre y valorar la vida.
Y lo más importante de todo, nos enseñó a perdonar. No a perdonar aquellas cosas malas que no nos importan, no a perdonar agravios menores, nos enseñó a perdonar aquellas cosas que nos duelen, que nos lastiman, que nos hacen sufrir. Si él, clavado en la cruz y agonizante tuvo aún palabras de perdón hacia los que lo habían torturado y lo estaban asesinando, ¿podemos nosotros ser tan inflexibles como para no perdonar?
Ese es el mensaje de Jesús, ése es el mensaje que fue tan revolucionario que cambió al mundo. Mucho o poco se podrá discutir si es Dios o no, si es el hijo de Dios o no; pero cualquier persona puede aceptar su mensaje y vivir de acuerdo a el, más allá de profesar o no una religión y sin importar cual sea la religión que profese en caso de que lo haga.
Porque la posibilidad de ser perdonados por nuestros errores es lo que alienta nuestra esperanza, porque la posibilidad de perdonar es lo que nos permite cambiar de rumbo y corregir nuestro errores. Porque el perdón y la tolerancia son las fuentes de que se nutre el amor. Porque sin perdón no hay esperanza y sin esperanza no hay futuro posible.
Por eso es que la Navidad es una fiesta de familia, porque es a ellos a quienes primero perdonamos por amor y quienes a su vez son los primeros en perdonarnos por amor. Porque sin familia no hay sociedad y sin sociedad no hay mas que caos.
Por eso es que me gusta celebrar la Navidad, porque no sólo celebro el nacimiento de aquel que vino a enseñarnos a perdonar sino porque también celebro la esperanza de que mis errores sean perdonados también, con la certeza de que seré capaz de perdonar también yo.
¿Y sabes que es lo más lindo de todo? Por más que la celebremos sólo una noche al año, todo el año es navidad. Todos y cada uno de los días del año puede ser navidad, en todos y cada una de los días del año puedes perdonar y ser perdonado.
Por eso me gusta tener un pesebre en mi casa, para recordar el nacimiento de ese ser tan maravilloso que vino a enseñarnos a perdonar. Por eso es que no me gusta ese gordito vestido de rojo y blanco, porque tan sólo pretende ocupar un lugar que no le pertenece; porque por más que cante “noche de paz”, no habla de perdón, y sin perdón no hay paz.
Por eso es que a Jesús simplemente le digo: ¡Gracias!
Y a ti te pido que me perdones mis errores, porque los tuyos yo ya te los he perdonado.
Y que tengas una Feliz Navidad cada día del año.